Abandonada por la confianza.
No hay rumbo que tome que me dé felicidad
porque en tercera persona me veo,
desde afuera me critico.
Mi mente es un campo minado,
es un campo fértil para la duda,
para la culpa.
Me siento cansada de nadar,
no me puedo relajar,
ni siquiera me quedo a flotar.
Es un remolino sin fin.
A veces no quiero pensar.
Siento demasiado y el frío me invade las venas.
Tengo menos desayunos y silenciosas cenas.
Quiero que con un abrazo cada pieza vuelva a su lugar,
se ha vuelto imposible volver a brillar.
Solo me queda caminar, hasta un posible final.
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